martes, 10 de junio de 2008

¿Dónde está la justicia?

No puedo evitar preguntármelo. De hecho a veces me pregunto si existe algo más que la simple idea platónica de justicia; ¿es un concepto tan puramente imparcial aplicable por los seres humanos, intrínsecamente subjetivos? Y así como el subjetivismo, el hecho de que la violencia y el mal en sí se manifestaran un día remoto en la faz de la tierra me hace pensar que éstos últimos también se encuentran imbuidos en la esencia humana.

Toda esta reflexión se ha visto desencadenada por un hecho muy concreto y no demasiado llamativo a los ojos de las personas externas a un determinado ámbito. Estoy harta, muy harta, de que casi cada vez que realizo a pie el recorrido de la estación de mi pueblo a mi casa (apenas unos 10 minutos por una simple calle recta) se me cruce en el camino algún que otro perturbado, y la palabra no está escogida al tuntún. Perturbado, degenerado, abellacado, pervertido, corrompido, trastornado. No quiero que suene débil, quiero que suene real. Como es. Resulta perfectamente comprensible que alguien se sienta momentáneamente interesado en algún desconocido con que se cruza por la calle, pero la normalidad no excede un par de miradas. Lo que no es normal es una persecución en que te sientes acorralada, atemorizada, y en que el bárbaro en cuestión sigue tus pasos gritándote obscenidades y, hablando en plata y sin exagerar, pues me ha ocurrido personalmente, masturbándose en público a plena luz del día mientras no te quita los ojos de encima. Y no hay policías. No hay ninguna autoridad.

¿Pero qué es lo peor de esto? ¿Dónde está la “justicia uniformada”?

En la calle de al lado. No más lejos. Poniendo multas a los coches que están mal aparcados, calculando al milímetro. Midiendo cuántos dedos fuera de lugar está el coche en cuestión.

Sacando dinero de donde pueden mientras en la calle de al lado están pisoteando la dignidad de las personas.

Esto sucede también en pueblos, en pequeñas ciudades; no es la gran metrópoli la única causante del aislamiento como desencadenante de esta búsqueda desesperada de una salida, de una huída de la opresión. Si desde los más pequeños núcleos de población se sufren semejantes situaciones, ¿podemos aspirar a un gobierno justo del país entero? ¿Podemos realmente confiar en que los gobernantes no sean corruptos? ¿Podemos creer en la justicia?

La solución no es sólo encarcelar. Por supuesto que mil y un individuos a los que se ha dado la libertad cuando tendrían que estar entre rejas no deberían andar sueltos por las calles, pero éste es otro tema a desarrollar. La solución se tiene que implantar desde abajo, desde el primer nivel de la formación humana. Hay cierta severidad que no puede ser recortada y debemos plantearnos una remodelación del sistema educativo (y judicial) para no dar siquiera una primera oportunidad para que esto suceda. Ni una sola.

[Firmado por: Sirius]

1 comentario:

Unknown dijo...

Sí, hay un montón de pervertidos por el mundo, a mí el otro día cuando uno me llamó "preciosa" y no sé que más y sin mirarle siquiera le hice un corte de mangas (no es muy normal pero funciona) me dijo que "ya sabía él por donde me iba a meter ese dedo", pero no con rabia por haberle insultado sino como de verdad lo fuera a hacer para obtener ese placer. Loco, completamente. Sin ir más lejos hoy han extraditado al violador del eixample (el 2º, que creó tanta polémica) por reincidir en Francia. Ha estado en la comisaría de Granollers.

Ahí lo dejo.

Besos!!!

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